El reloj da las 6:00pm y aún nada se mueve, las cosas vuelven a seguir un ritmo incómodo y profundo, como los pensamientos que no tienen imágenes precisas sino solo un fondo negro que con cada nota del violín se activa para volverse acuoso, las lágrimas.
Sensaciones que se mal entienden por doquier y momentos en que no se puede hacer nada porque lo único que se quiere hacer es llorar lentamente, disfrutando de cada sollozo y cada respiro que llena el ambiente de dolor. Nada está dicho aún pero la vida sigue golpeando con cada paso que no se da.
Un intento de acercamiento se rechaza con la mirada, un intento de ser bueno se rechaza con un comentario mordaz que sigue flotando en el aire de la conversación y no se olvida, un momento de locura y amor se llena de lodo con toda la desaprobación de un par de ojos que no pueden deshacerse de los fueros internos que queman como el primer día. Los dolores que se mantienen en la cabeza e intentan desaparecer con siestas fugaces que prometen resolver todo en un día.
La pluma escribe y pareciese que nada tiene sentido, pareciese que la vida sigue igual y se mantendrá así: dolorosa hasta que se demuestre lo contrario. Pero nada se sabe aún, momentos fuertes que se viven como si fuera la última oportunidad para ver el ocaso, momentos en los que el frío de la noche se puede arreglar con el abrazo del ser amado, con un beso y una sonrisa que manifiestan el amor.
Me desconecto con un clic.