miércoles, 5 de septiembre de 2012
Miedo, parte 2
Había una vez una niña que quería convertirse en alguien, pero de un momento a otro todo se derrumbó.
Había una vez una madre que luchaba, pero de un momento a otro todo se derrumbó.
Había una vez un rey de las tinieblas que no dejaba avanzar a la madre y a la niña, se escondía bajo una máscara de terciopelo negro, una máscara que estaba escondida en su saco lleno de tesoros robados y sueños derrumbados. Él malhechor le robó una estrella al cielo y el cielo no pudo hacer nada, la estrella estaba dentro del saco del hombre y ya había huído, pero el cielo juró que algún día todo volvería a ser como antes y volvería a tener la cantidad de estrellas con las que empezó antes de que naciera él.
A medida que pasaban los años, el malhechor se hacía más poderoso y cada vez su máscara se hacía más resistente a los intentos de curarlo, la máscara escondía ahora todos los engaños que cometió durante el tiempo que pisó tierra y estuvo bajo un techo. El cielo; que lo veía todo y a todos, esperaba pacientemente sin decir nada, veía como la niña jugaba con sus muñecas tranquilamente, ella no sabía nada aún y veía como la madre lloraba en silencio para que su pequeña pueda dormir en sus brazos.
Los años seguían pasando y la niña dejó de ser una niña, se enteró del malhechor con quien convivía y trató de darle oportunidades como nadie más, ella confió en que la máscara, eventualmente se caería de la cara de este y por fin vivirían en paz.
No fue así.
El cielo vio como la hija avanzó en lo que quiso y luego, gracias al malhechor, se quebró, sin decir nada, el malhechor huyó con la inocencia y promesas perdidas de la hija en su saco más la estrella del cielo, la estrella que valía mucho en cualquier sitio, la estrella que según el; lo haría rico.
El cielo seguía esperando y veía el dolor de ambas mujeres, ambas mujeres tratando de darse ánimos y tratando de sobrellevar todo, ambas tenían un profundo dolor en su corazón y en su alma, no lo perdonarían nunca, por lo menos no la niña, la niña ya no lo quería.
Había una vez una estrella que dejó de brillar en el cielo, la estrella se apagó en honor a la niña y a sus sueños rotos.
Había una vez un cielo lleno de estrellas brillantes con cada sueño y petición de la niña, los sueños no estaban rotos, estaban en pausa.
El cielo está molesto y quiere que la niña deje de llorar.
Me desconecto con un clic
xoxo
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