sábado, 29 de junio de 2013

El río que siguió su curso

Desde entonces, sales al atardecer y esperas que un día de estos, el tiempo deje de correr.
  Solo cuando se toca fondo, uno se da cuenta de cuanto puede brillar.
Empiezas a salir a la luz del sol y todo sigue su curso, el tiempo sigue corriendo y la luna sigue cayendo cada noche, a veces quieres vivir en un mundo azul, lejos de la ciudad, lejos de la realidad, un mundo propio que se crean los que alguna vez en la vida, jóvenes o no tan jóvenes, hemos tocado fondo en cualquier sentido de la expresión.
Uno no quiere recordar lo que hizo que tocara fondo, tratas de eliminar todo lo que te recuerde a eos hechos, pero sales a la lluvia y te encuentras con lo que enterraste, a veces es inevitable que reencuentres lo que te hizo caer, personas de antaño que llegaste a querer como amigos vuelven a hablarte, a mandarte una carta que te deja sin palabras, palabras que luego llegan y cuentas como es que saliste del fondo, como es que ahora la vida es diferente. El vetusto sonido de las hojas de un malecón me ace recordar los momentos felices que tuve cuando experimenté por primera vez lo que era una clase catedrática, un remordimiento me hace retorcerme y presiento que la lluvia se acerca, espero el momento en el que todos esos recuerdos regresen a mi mente mientras cruzo la pista y espero al bus que me llevará a casa de nuevo, a la nueva vida que he decidido tomar luego de pensarlo bien.
Miro a la distancia por la ventana y la dicha regresa a mi sonrisa como un acorde de guitarra que se acaba de tocar y suena por primera vez en los oídos del músico, memoricé esos días apropósito porque en el fondo de mi sabía que se irían, pero como el mar, vuelvo a salir con más fuerza.
La vida es un mapa por dibujar.
Y hemos tachado una parte para reescribir sobre esta y salir a navegar con velas preparadas para cualquier tempestad.

Me desconecto con un clic

Xoxo

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