domingo, 29 de junio de 2014

Los ojos del bosque

Un par de noches y el viento que sopa fuerte, mueve a todos los árboles, menos a un arce, el cual, imponente, se para ante todos y los mira desde arriba, callado, el más callado de todos, posiblemente el que más tiene que ofrecer.
Las posibilidades se reducen a una y sus raíces crecen, se cruza en el camino con piedras y otros animales, toca otras raíces y no las suelta, no puede moverse a otro lado del bosque, están frente a frente, las hojas suenan y los búhos en sus copas ululan rítmicamente. Los días que se hacen cada vez más ruidosos, y las máquinas del fin de semana hacen que el cansancio afecte a todos, las estrellas brillan más y las chispas de algunos colores saltan a contra luz, acuerdos que se hacen con los ojos y algunos se ven mejores que otros.
Las conversaciones a la luz de la luna, sentados mirando a los carros pasar, sin tener en cuenta que se hace tarde, hasta que la vida vuelve a ser lo que es todos los días, tiempo y trabajo, nadie sabe lo que puede pasar, ninguno sabe que es lo que está pasando pero nadie quiere parar.
Preguntas mientras miran al cielo, preguntas mientras se miran, nadie da el paso pero las señales son claras, el frío se intensifica y con eso, la señal de que la noche llega cada vez más rápido y el tiempo se acorta, sensaciones y emociones, que sentir, que hacer, como reaccionar.
¿Que está sucediendo?
¿Volverá a suceder?
¿Alguno sabe si quiera que hora es?
La lluvia llega y con eso el fin de la magia de la noche. O tal vez el comienzo, que sentir, que hacer, que conocer y a donde ir. Dejando las memorias atrás del día, las pequeñas mentiras quedaron al lado del tren, las memorias que acosan e intentan dominar el cerebro.
La noche y los pajarillos de la mañana tienen la respuesta, solo que no la dirán; no por lo menos hoy.

Me desconecto con un clic.

Xoxo

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