
Miedo.
Miedo a fracasar, diciéndome a mi misma que deje la historia pasar y empiece a filosofar, diferentes momentos en diferentes sitios, diferentes auditorios a los que correr, diferentes pisos que subir y bajar hasta conseguir la ansiada nota válida.
A veces cuando tengo miedo, pongo el disco antiguo que me regaló un amigo Brasileño, el y su banda me dan fuerzas para continuar e intentar dar todo de mi en el siguiente papel lleno de números y ejercicios que muchas veces no tienen sentido algo para mi.
Intentando darme valor para enfrentar los números del terror, veo como los fideos en mi sopa se elevan y el humo mezclado con el olor a Ginseng inunda mi alcoba, otro día, otra noche por venir.
Las cosas que tuve que pasar para llegar aquí no son nada comparadas con el juego que tengo preparado y junto con las ases dentro de mi manga derecha, están en la mesa de póker preparadas para salir en el mejor momento. Junto con los juramentos a cumplir que escribí en las hojas que aún conservo de mi diario.
Difícil es para mi escribir los números en el orden que me piden, y es peor aún escribirlos correctamente, nunca después de esto, quiero volver a un aula y verlos de nuevo.
Cada vez se hace más complicado y trabajoso, cada vez las ojeras se hacen más profundas junto con mis ganas de dormir encima de mi cuaderno.
No planeo ser perfecta, nadie lo es, sobreviviré con mis mandamientos escritos de por medio, aún así, seguiré odiando las matemáticas.
Me desconecto con un clic
xoxo
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