El miedo a la desaprobación de los supuestos amigos de Facebook, el miedo a salir mal en una selfie, el terror a que alguien te vea sin tu capuccino de la mañana y tu galletita en bolsa con el logo por delante porque de hecho tu puedes comprarlo, de hecho siempre comes eso porque la marca importa más que otras cosas. Los lentes de sol cuando estamos en temporada invernal porque se ven "cool", las celebridades como Kim Kardashian, si esa talentosa mujer cuya única fama es la de tener un trasero grande y filmar un video porno con alguien famoso, si esa mujer que se pone lentes de sol cuando hay nieve porque el flash de las cámaras le hace daño a sus preciosos ojos, ella publicará un libro con todas sus selfies porque sus admiradores necesitan ver su cara impresa en papel y además pagar por ella, lógico, perfectamente lógico.
Sin un like en el mundo estamos muertos tecnológicamente, si la foto que nos hemos tomado comiendo pescado crudo en un restaurante no tiene más de 100 likes nuestra autoestima se va al suelo, si los zapatos que acabamos de comprar y con los cuales posamos sin haberles quitado la etiqueta siquiera no tienen la aceptación entre las mujeres de nuestras redes sociales somos unas zombies sociales. Porque las cosas simples de la vida no valen la pena, porque una tasa de café pasada no es lo mismo que una tasa de café de Starbucks, porque en Starbucks el café es mejor, tiene cremas y cosas que hacen que todo sea mejor, porque los zapatos que se encuentran en el baúl de la abuela no tienen el mismo valor que unos que costaron 500 dólares y salieron en Sex and the city.
Nos estamos convirtiendo en seres sin perspectiva de vida, y si tenemos una es la de tomarnos fotos todo el tiempo sin importarnos si a la otra persona detrás de la pantalla le gustará ver todos los días una foto de la comida que estamos comiendo, sin importarnos si a otros les importa mucho que estemos vacacionando en alguna isla paradisíaca y siendo felices, lo único que importa son los likes y cuanto hablen de nosotros en sus conversaciones. Sin un "me gusta" o un "retweet" nuestra autoestima llega a subniveles insospechados porque no somos aceptados dentro de la red social, porque nuestro intento por crear tendencia no fue aceptado, porque nuestra vida tiene que importarle a todos.¿Donde quedó la felicidad, simple y tranquila? Esa mágica palabra que nos hace pensar en cielo azul en tu azotea tomando un simple té o una cerveza, sin tomarle foto a la botella.
Me desconecto con un clic.
Xoxo.

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