La voz al otro lado del teléfono grita palabras que no se pueden descifrar: como siempre pasa cuando las cosas se alteran y no toman el rumbo que la gente quiere y con el cual se sienten cómodos; solo toca decir "si" e intentar remediar las cosas y recuperar el tiempo perdido que sabemos que no vamos a recuperar.
Momentos que se recuerdan con una sonrisa, momentos amargos que tiñen de negro el agua del estanque en el cual el reflejo de los malos se puede ver claramente, esos malos que se esconden detrás de las máscaras mortuorias que en algunas situaciones se caen por tanta basura que se piensa y se dice hacia los otros. El ring se va a limpiar de nuevo, no hay sangre aún, los gallos están esperando ser soltados, los perros tienen los bozales puestos y los toros viejos ven desde arriba como todos aguardan el momento indicado para morder y picotear al contrincante. Desde la cúpula algunos hilos manejan a los más dulces, convirtiéndolos en presas no tan fáciles, los aguerridos aguantan como pueden y los tontos son presas de todo el mundo...
los hilos se mueven a diferentes ritmos y los dardos van y vienen, tratando de esquivarlos vamos todos contra todos; los zorros disfrazados de cordero se mueven entre las masas aparentando lo que nunca van a ser, toros miran desde arriba para ver si el que sobrevive es al que le apostaron, los dueños de los perros esconden una gillete en las patas de estos y los gallos bravos dan alaridos para asustar a sus rivales.Las guerras empiezan por malentendidos, pero la pelea es continua desde las primeras frases de envidia.
Lo único que les queda a los aguerridos es construir una buena fortaleza, mirar de lejos y tratar de sonreír así caigan de rodillas al suelo con un cuchillo en la espalda.
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