domingo, 25 de octubre de 2015

La reflexión de un pequeño hombre

Dentro de un pequeño bar está sentado en un pequeño banco un hombre de mirada perdida tomando un whisky que para estas horas ya está caliente. Reflexiona sobre su vida y por fin se da cuenta de que está solo contra el mundo y ya nada puede hacer para revertir el efecto de su altanería.

En sus años mozos todo estaba bien, todos lo toleraban porque era joven -todo el mundo quiere estar rodeado de gente joven- nadie decía nada pero a escondidas lo odiaban y envidiaban. 

¡Que importa! -decía el- que importa lo que los demás opinen, nadie sabe nada de lo que es importante. Y así, su descenso al purgatorio empezó lento pero seguro. 

El diablo mueve los hilos sin ningún miramiento, desde arriba todo se ve mejor que en un desfile de modas y cuando alguien tropieza y no eres tu, todo es mejor aún. 

Y es que, en algún momento de nuestras vidas todos pensamos que somos los mejores pero al fin y al cabo no somos más que unos granos de arena en el gran océano. Nadie se fija en los granos de arena que no le han ganado ni siquiera a ellos mismos.

A ninguno de nosotros le gusta recibir críticas, a nadie le gustan los comentarios fuera de lugar y si el pequeño hombre está sentado en el pequeño banco del pequeño bar sin perro alguno que le ladre, es por algo. 

La humildad es algo que pocos poderosos consideran y la humildad es algo que pocas personas que recién empiezan en algo pueden cultivar. 

Nadie puede ser poderoso o alcanzar lo que aspira si es que no sabe donde está parado y cual es su realidad. 

El pequeño hombre se levanta del pequeño banco dejando un par de soles en el mostrador como propina, arrastra los pies a la salida y sale a vivir otro día en una realidad que no es la suya. 


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