martes, 15 de marzo de 2016

El café de verano

Mientras escucho el constante repiqueteo de la cafetera jalando el agua para regalarme el elixir maravilloso que es el café siento que cada día entiendo menos el mundo.
Las personas cada vez hablan menos teniendo comunicación a un solo clic de distancia, las conversaciones ocasionales son raras y cuando se encuentra a alguien con el cual se puede sostener una conversación amena te das cuenta de que al final nunca van a poder concordar en algo importante como: política, religión y todos los temas tabú que existen y por los cuales naciones enteras están dispuestas a empezar guerras pero a las que nadie está dispuesto a darles fin.
Cada día al llegar a casa siento que en el momento en que me siente en la silla frente a la computadora perderé todo contacto con el ambiente que me rodea y mis ojos empezarán el incansable baile de no cerrarse para poder tipear de manera correcta y no maldecirme la mañana siguiente por haber olvidado un punto o una coma en la redacción; veo niños con celulares inmensos y pienso que a su edad yo estaba jugando con los taps de Pokemon, niños que ya no tienen mejores amigos porque todos son sus "patas" y ahora todos somos reemplazables, igual que una bolsa plástica.
 Los amigos de años que ahora no tienen tiempo para verse porque sus trabajos siempre son más importantes que un momento de relajación con personas con las cuales compartiste parte de tu infancia, y no porque quisieras sino simplemente porque el destino así lo deseó. Amigos de años que siempre están cansados y para los cuales ellos son las máximas víctimas de la vida, porque "hay golpes en la vida, tan fuertes, yo no sé" y toda esa prosa que continúa siempre es para ellos, porque los demás no hacemos nada y nos rascamos las pelotas, porque hacemos cosas diferentes pero al mismo tiempo cansadas, porque de vez en cuando todos queremos ser los "pobrecitos" de la historia.
Familias que se separan solo por un polvo ocasional y que nunca vuelven a hablar del tema hasta que terminaron de mandar las 50 cartas notariales y los hijos han quedado "traumados de por vida", hijos que luego serán esos ciudadanos que insultan, golpean, gritan ante cualquier amenaza (grande o pequeña) y que se escudan en decir que su infancia fue "dura".
Esas preciosas noticias que tenemos diariamente alrededor del globo, matanzas y gente que decapita y luego sale a exhibir su triunfo por las calles más frías del mundo, personas a las cuales no entiendo muchas veces pero estoy segura de que el señor medio pedófilo de Freud les daría un nombre y se respaldaría en sus teorías para justificar dichas acciones. No entiendo a las personas, cada vez es más complicado no ofenderles, no herir sus corazones que son más nobles que una lechuga, porque ahora cualquier palabra mal interpretada es un insulto, una falta de respeto; y cuando estás por debajo de la cadena alimenticia del poder, tienes que agachar la cabeza nomás papito.
Dejémonos de idioteces y afrontemos la vida como es, si quieres algo tienes que lucharla pero no por eso debes aislarte en tu cobacha y pensar que Einstein vendrá a salvarte de la ignorancia, vive, sonríe, deja de fruncir el ceño.
Me desconecto con un clic.

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