El castigo del verano se hace notar: los rayos del sol castigan mi piel como si fueran látigos de fuego que me van quemando poco a poco, la sensación de que voy a derretirme en cualquier momento no se acaba hasta que llego a mi cama y me quito la ropa.
No hay momento de sosiego en estos momentos y lo único que quiero hacer es dormir para poder aplacar mi ira contra el mundo. A lado mío, personas hablan en voz alta en un lugar en donde no se debe hacer eso, las reglas se rompen y las normas de conductas de las personas normales ni siquiera existen.
Es un mundo salvaje este, rodeado de animales que pelean por trozos de carne insignificantes, esos que están podridos por dentro pero que por afuera usan tantas capas de maquillaje que a veces, solo a veces, logran esconder su fétido olor. Animales que no saben cómo expresar lo poco que piensan con las pocas neuronas que poseen, animales que ríen como hienas al ver a otros caer, animales que no tienen consciencia de lo que pasa a menos que se trate de ellos.
La guitarra hace un solo que me lleva a otra dimensión, a una dimensión que espero me deje escapar de este mundo aunque sea por unas horas. Los cubículos de todo el mundo se llenan de larvas andantes, larvas que siguen trabajando para alguien, larvas que consumen todo lo que se les vende y nadie puede librarse de ellas.
Los altos mandos miran desde arriba, maquinando su siguiente movimiento, el siguiente robo que no se ve pero que se siente. Se siente en los libros que se queman, en la gente que habla en voz alta en las bibliotecas porque ni siquiera saben para qué sirve una, se siente en la desolación de los diferentes, de los pensantes que tratan de no ser larvas de cubículos pero que si no lo son, morirán de hambre. Ya son 20 minutos aquí, en cualquier momento voy a estampar mi cara contra la pared.
Sigo escuchando la guitarra acompañada de una batería que marca el ritmo de mi pie derecho contra la pared. Sigo mirando de cuando en cuando esta pared blanca que se niega a cambiar de color. Seguimos siendo el pájaro que vuela sin rumbo.
viernes, 10 de febrero de 2017
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