
Tranquilidad.
El sol de hoy me da en la cara y no puedo esconderme para que no me queme, miro hacia atrás en la ventana y veo a dos mariposas volando juntas, una niña jugando en el jardín de su casa, sin ninguna preocupación.
El sol hoy brilla radiante, corro hacia el parque de siempre y arrojo la misma cantidad de monedas al pozo de los deseos, esa misma rutina se viene repitiendo hace 14 años.
Camino regresando a casa, hoy no tengo ganas de tomar el bus, quiero hacer fotosíntesis con el sol y admirar la vida silvestre en su esplendor.
Muchas veces me pregunto si lo que estoy viviendo es realidad, si no es todo un sueño del que algún día voy a despertar y tendré que empezar todo de nuevo, muchas veces me peñisco a mi misma para ver si no estoy con Orfeo.
La pareja de mariposas sigue afuera, en la ventana de mi casa, hace horas que están en el cortejo y a pesar de que nunca más se vuelvan a ver, lo hacen como si fuera lo último que van a hacer en su vida.
Me recuesto en mi cama y miro al techo blanco, giro la cabeza y veo la clásica foto de los cisnes mirándose con la forma de corazón que forman sus cuellos, la pareja de por vida que forman desde que se conocen, no la va a romper nadie.
Tal vez las personas se rompen antes que los cisnes y es por eso que nunca más se vuelven a ver.
Me desconecto con un clic
xoxo
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