
Ellos y todos ellos saben que no lucirán ni se oyerán como yo, no lo intenten, soy un huracán, no te esfuerces en copiarme.
Salgo, tomo el último taxi de la noche,
el que me llevará al destino que me hace arrugar la nariz.
Paso por la casa de Vargas Llosa y el sentimiento de querer tirarle huevos casi no se puede resistir.
Pero lo único que hago es decirle al chofer que vaya más rápido.
Me tomo el tiempo que necesito para sacar el sencillo que le debo dar, pongo mis stilettos en el piso y camino tapándome la cara cuando paso por la puerta del bar de Kevin.
Llego al parque y me siento a mirar las estrellas, me recuesto en la banca y mientras leo un libro, una paloma camina a los pies de la banca; la espanto, no quiero heces encima mio.
La veo llegar y lleva puesto algo muy parecido a lo mio, los mismos colores y los mismos zapatos, esto es imposible,
Los improperios empiezan y nunca me había dado cuenta hasta hace unos momentos, que envidiar alguien en cuanto a personalidad es el mejor halago.
Me alejo y le doy la espalda, cuando volteo, veo que solo es una niña imitando a sus mayores.
Me desconecto con un clic
xoxo
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