
Al principio pensé que se podía controlar, que todo esto se iba a poder contar con los dedos, pero luego de leer algunas verdades, entiendo como es parcialmente todo.
Al día a día le agrego un poco de condimentos, condimentos que tal vez lo hagan tan dulce como el azúcar, tan picantes como la pimienta o tan amargos como la hiel. Mientras las reacciones ante todo lo que mis ojos ven se acomodan en mi cerebro, trato de pensar con orden como será todo, como será que podré ser yo, sin que tu estés allí.
Las pulsaciones en las arterias van y vienen, sin remedio de poder detenerlas, no estoy segura de lo que está pasando pero no quiero dejarlo.
Y pienso que todo puede ir bien por momentos, la pequeña nube en la que me subí luego de comer algodón de azúcar sube y sube, pero luego, el algodón se termina y POP! la nube se revienta, me caigo de nachas al suelo, sin poder dar un respiro, tengo que levantarme.
Un poco de cojera me acompaña hasta poder ver otro halo de luz y ir hacia el lugar de todos los días, el lugar que me hace feliz, ese lugar que solo yo conozco.
Siempre intento de no pisar ese terreno peligroso que a todos nos aterra, ese terreno que les hace quedarse callados sin decir palabra alguna, ese terreno que tanto miedo da, ese miedo a el dolor.
Y hasta ahora no ha habido oportunidad alguna de saber que pasa dentro de las neuronas que te habitan, no ha habido oportunidad de saber si de repente, todo es un simple capricho, una simple regla del libro de tu especie, trataré de ser paciente y no dejaré huellas al caminar.
Nada más que un poco de humo, nada más que un par de huellas en la nieve se necesitan para que yo descifre todo lo que traes entre manos, nada más que solo una pequeña partida de cartas en donde pondré mi mejor cara de póker.
Esa cara que casi siempre, nadie descifra, esa cara que solo espera un movimiento en falso para atrapar entre sus redes a el vencido.
Ese cara que puede ver el miedo a lo que yo quiero, ese miedo tan inocente que hace que parezcan unos niños, niños pequeños asustados por algo a lo que muchos se atreven, mientras los que no se atreven, luego, se arrepienten. No se si después las disculpas y perdones vendrán pero yo diré lo mismo: "te lo advertí"
Y luego el discurso de siempre, los amigos nunca se pierden, los verdaderos solo se pelean para acto seguido, abrazarse nuevamente.
Me desconecto con un clic
xoxo
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