sábado, 10 de noviembre de 2012

Ni juegos, ni miradas, ni pinceladas de distracción

Cada quien con su pañuelo, 
cada quien con su pensamiento,
cada quien con las sensaciones y desgracias que quiere o no quiere 
sentir.

El camino es a paso rápido y cada vez más tempestuoso,
cada día la lluvia se incrementa, 
y mientras el paraguas de la atención se llena de agujeros,
yo; trato de centrarme en lo únicamente importante.

En la manada los lobos se excitan al ver a las hembras,
pero, mientras todos sigan juntos y al mismo tiempo compitiendo,
nada se puede hacer o decir,
todo puede ser malinterpretado o maldicho,
cualquier roce de colas o roce de patas,
es tomado de manera diferente.

Los lobos a veces le aullan al sol para demostrar cuanta masculinidad tienen,
y mientras las hembras seguimos sin impresionarnos,
algunas pensamos que será de nosotras luego de que todo este meollo acabe.
Cada quien con su pensamiento, 
cada quien con las miradas de enamoramiento.

El roce de los cabellos y el olor feromónico atrae a más lobos,
sin querer queriendo, 
veo unos cuantos acechando a su próxima pareja de progenie.

Un panorama sin juramentos que nadie sabe si serán duraderos,
una pincelada de amistad que nadie sabe si quedará.

Una mezcla de sentimientos fugitivos que corren por mi torrente sanguíneo,
haciendo que mis leucocitos se preparen para la guerra.

Nada de lágrimas, 
ni besos,
ni juegos,
no soy yo.
Solo, concentración,
nadie quiere arrepentirse de lo que no terminó.


Me desconecto con un clic

Xoxo

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