sábado, 10 de noviembre de 2012

Un volcán que nunca erosionó

Las rocas volcánicas de la base sobre la que estoy parada están calientes, calientes a una temperatura soportable, mis pies desnudos se sienten cómodos al caminar sobre ellas.
En la base del volcán estoy yo y 12 individuos más, todos mirando hacia la cima de este, donde la lava hirviendo saldrá 4 veces en las siguientes 15 semanas, la lava hirviente necesita ser enfriada por nuestras habilidades, hasta quedar casi sólida y poder convertirla en un trofeo de guerra.
De 13 pedazos de roca volcánica y lava, solo 5 contienen una moneda de oro por la cual cada uno escala el volcán con pies descalzos y ofrendas bajo el brazo, cada ofrenda deja un cicatriz emocional y física, ¿estamos TODOS dispuestos a adquirir cada cicatriz?
Nadie sabe para quien trabaja y nadie sabe con quien va a trabajar luego en el laboratorio, todos quieren llegar a la meta, pero no todos podrán.
Los primeros 4 escalones de los 19 o 20 que componen todo el camino hacia la cima ya han sido superados y aprendidos, pero ahora; una pequeña piedra ígnea ha caído en una de mis rodillas.
Avanzar duele y cansa cada vez más, hace más calo y el sudor es más abundante conforme pasan las horas; mientras el sueño trata de vencerme, yo; pongo a Schubert y despierto por el sudor que cubre mi frente.
Eso sí, insectos rojos o negros de cualquier tipo, cargo o magnitud que me rodeen, serán alejados de un solo manotazo.

Me desconecto con un clic

Xoxo

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