sábado, 30 de junio de 2012
Extracto de una fantasía
-Ven aquí y dame un beso.-Dice ella.
Pero lo que él hace es tomarme de las muñecas y ponerme de pie, lo que deja mi cara a la altura de su pecho. Entonces desliza los brazos alrededor de mi cintura y me mira, pero no me besa. Mira dentro de mis ojos y acerca mi cintura a la suya, lo que no me deja ninguna duda sobre su necesidad de tenerme cerca. Siento su piel caliente y tensa, sedienta de aire fresco o del roce de su piel. Pienso en tomarle la mano y ponerla sobre mi pecho cuando veo que ha llegado por sí sola, como movida por un impulso de mi mente. Me aprieta suavemente como diciendo: "Aquí estamos, en este espacio somos reales, ¡y que suerte tenemos de estar aquí!" Luego baja la cara y roza mis labios con los suyos. El corazón se me sale del pecho, como yo sabía que sucedería, pero es agradable confirmar los propios instintos.
-¿Cuánto tiempo tenemos? -pregunto.
-Toda la noche
-Así se habla.-Vuelvo a besarlo, abriendo la boca contra la suya. Pero enseguida me aparto-. Tal vez halla llegado el momento de que lo llame por su nombre de pila.
Le destellan los ojos de placer.
-Como quieras.
-Hagamos una ceremonia esta primera vez. ¿Preparado?
-Preparado.
Sonríe, me levanta en brazos, como hacen en las viejas películas del Oeste, y yo siento la fuerza de su cuerpo. Espero que me deposite en la cama, pero me lleva al baño.
-El día ha sido muy largo. Te voy a gustar más después de una ducha.
-O durante-respondo, riendo.
El se ríe, me sienta en la encimera y abre los grifos. El vapor empieza a llenar el baño y se quita los zapatos.
-¿Sabes qué me gusta de los hoteles norteamericanos?
-¿Qué?- pregunta él, apoyando sus manos en mis rodillas.
-La provisión ilimitada de agua caliente. Uno puede darse una ducha de dos horas si quiere.
-¿Alguna vez lo has hecho?
-Claro. Cuando aterrizo en los Estados Unidos después de algún trabajo en Oriente Medio o África, abro una botella de vino blanco bien frío y me siento en la bañera hasta quedar arrugada como una pasa.
-Bien, entonces te miraré bien antes de que llegues al estado de pasa.
Toma con ambas manos el borde inferior de mi camiseta y espera a que yo levante los brazos. Sonrío y obedezco, él me quita la camiseta, luego se desabotona la camisa y acerca mi pecho al suyo. Esta vez yo tomo la iniciativa de los besos y él me interrumpe sólo para decir:
-Creo que el agua está lista.
Me desconecto con un clic
xoxo
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