Ella:
Mientras jugaba en el parque, se dió cuenta de que alguien la estaba observando a lo lejos, vió un par de ojos curiosos que la miraban atentamente moverse ágilmente mientras hacía las ramas lejanas de los árboles, en cuanto la vió pudo percatarse de que parecía un ángel caído del cielo y ella quería ver quien era realmente; mientras seguía danzando fue acercándose hacia el tronco donde el estaba escondido y sin más preámbulos, ella decidió ser su amiga.
Cada noche antes de ir a dormir, mientras ella danzaba en el campo cerca a casa, el observaba atentamente cada uno de los gráciles movimientos que ella empleaba como removedor de estrés diario, cada día el iba acercándose más a ella y en los descansos para estirar iban conociéndose más. Ella no sospechaba nada, la ilusión estaba allí, tocando sus labios.
Un primer roce de manos supuestamente casual y un abrazo de despedida fueron los detonantes, cada vez más cerca y cada vez más ansiosos de ver el uno al otro, sin nada que decir ni hacer; primeros besos y primeras ilusiones, risas y sonrisas, rubor en las mejillas y en los labios, sin decir nada, juntos caminaron.
Él:
Se despide en la noche y se transforma para ir por otras presas, está hambriento y no ha comido en meses, esta es la hora.
A lo lejos ve un pollo caminando solitario en busca de la granja de donde se supone ha salido, perdido, no sabe lo que le espera en algunos instantes. Se acerca sigilosamente reptando por el suelo sin hacer ruido alguno, no hay nada que decir, el pollo ahora está siendo digerido, algo difícil de tragar por las patas y el pico, pero nada que un buen mordisco de obelizco no solucione.
Se siente mal pero está en su naturaleza, el engaño y los momentos dulces que hace creer son comunes para conseguir lo que necesita.
Último día:
Llega la luna y junto con ella llega la transformación de el, trata de ocultar su reptar pero es imposible, ella se da cuenta y trata de calmar al animal que creía era diferente de todos, no hay nada que hacer, un mordisco llega a su mano y el veneno entra en su torrente sanguíneo, ha sido envenenada por la maldad.
Despierta ya, mira alrededor y se encuentra en la guarida del reptil, nada que hacer y nada que pueda mover, todo está borroso y solo recuerda ser arrastrada por la serpiente que está ahora mirándola fijamente.
Él susurra un "lo siento" y la devora lentamente, la bailarina ha muerto.
Las lunas y soles pasan hasta que el encuentra otra víctima, al final, él será el victimado.
Me desconecto con un clic
xoxo
lunes, 29 de octubre de 2012
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