sábado, 4 de junio de 2016

¿Qué hacer?

Hace unos días se me acabó el papel y quería suicidarme o tirar la impresora por la ventana, eran las 4:45am y yo no había dormido bien, de hecho, toda esa semana mi sueño se había visto: a) acortado por las cosas que debía hacer "urgentemente" y que al final no eran revisadas por ciertos profesores del horror o b) interrumpido por mis alergias y la incansable insistencia de mi nariz a querer estornudar mientras duermo.
Decidí que dejaría el trabajo hasta donde lo había impreso y que compraría el papel al día siguiente, así lo hice y al momento de llegar a casa encontré una desastrosa escena en mi cuarto: la ventana se había quedado abierta, el viento hizo de las suyas y mis hojas volaron por todos lados, algunas fueron a para a no sé donde porque nunca las encontré, otras fueron a parar debajo de mi cama y otras se ensuciaron con Dios sabe qué y no pude recuperarlas.
Me senté en el suelo del cuarto y abrí uno de las paletas que tengo en una bolsa para casos de emergencia como: tener que despertar más temprano que de costumbre (o sea a las 2/3am) para estudiar para un parcial o un examen final, cuando siento que no he comido la suficiente azúcar y me desmayaré, o simplemente cuando se me antoja un dulce (como he hecho ahora mientras escribo); en fin, luego de pensar en posibles soluciones para no gastar más tinta y papel, llegué a la conclusión de que era inútil tanto trabajo de nuevo y decidí volver a imprimir todo, desde cero, borrón y cuenta nueva.
Mientras vigilaba la impresora en caso de que se pusiera rebelde, empecé a analizar la semana que había pasado y comparé la situación de las hojas con otras cosas, como cuando esperas que algo salga bien luego de tanto trabajo y empeño pero al final todo sale literalmente por las nubes. Se siente como la primera vez que te caes de las escaleras o cuando bajas la resbaladilla y te raspas las manos al agarrarte de los lados: pensabas que sería divertido pero al final terminas molesto y lloroso con tu vida. A veces pienso que las "pruebas" que nos da la vida son cosas que debemos superar luego de estar molestos y llorosos, prendí la televisión mientras escuchaba el sonido constante de la impresora y sin exactamente analizar lo que veía me di cuenta de que ya estaba empezando a hacer frío y debería ponerme una pijama más gruesa.
Hoy al regresar a casa vi tantas personas con el ceño fruncido, me dio pena y al mismo tiempo pensé en mi misma y en mi poca tolerancia a los ruidos molestos y muchísimas cosas más que me irritan o simplemente me hacen poner gestos extraños en el rostro que mamá me dio.
Pd: el chicle de esta paleta sabe a salsa huancaína. La vida no me quiere hoy.

Me desconecto con un clic.

martes, 15 de marzo de 2016

El café de verano

Mientras escucho el constante repiqueteo de la cafetera jalando el agua para regalarme el elixir maravilloso que es el café siento que cada día entiendo menos el mundo.
Las personas cada vez hablan menos teniendo comunicación a un solo clic de distancia, las conversaciones ocasionales son raras y cuando se encuentra a alguien con el cual se puede sostener una conversación amena te das cuenta de que al final nunca van a poder concordar en algo importante como: política, religión y todos los temas tabú que existen y por los cuales naciones enteras están dispuestas a empezar guerras pero a las que nadie está dispuesto a darles fin.
Cada día al llegar a casa siento que en el momento en que me siente en la silla frente a la computadora perderé todo contacto con el ambiente que me rodea y mis ojos empezarán el incansable baile de no cerrarse para poder tipear de manera correcta y no maldecirme la mañana siguiente por haber olvidado un punto o una coma en la redacción; veo niños con celulares inmensos y pienso que a su edad yo estaba jugando con los taps de Pokemon, niños que ya no tienen mejores amigos porque todos son sus "patas" y ahora todos somos reemplazables, igual que una bolsa plástica.
 Los amigos de años que ahora no tienen tiempo para verse porque sus trabajos siempre son más importantes que un momento de relajación con personas con las cuales compartiste parte de tu infancia, y no porque quisieras sino simplemente porque el destino así lo deseó. Amigos de años que siempre están cansados y para los cuales ellos son las máximas víctimas de la vida, porque "hay golpes en la vida, tan fuertes, yo no sé" y toda esa prosa que continúa siempre es para ellos, porque los demás no hacemos nada y nos rascamos las pelotas, porque hacemos cosas diferentes pero al mismo tiempo cansadas, porque de vez en cuando todos queremos ser los "pobrecitos" de la historia.
Familias que se separan solo por un polvo ocasional y que nunca vuelven a hablar del tema hasta que terminaron de mandar las 50 cartas notariales y los hijos han quedado "traumados de por vida", hijos que luego serán esos ciudadanos que insultan, golpean, gritan ante cualquier amenaza (grande o pequeña) y que se escudan en decir que su infancia fue "dura".
Esas preciosas noticias que tenemos diariamente alrededor del globo, matanzas y gente que decapita y luego sale a exhibir su triunfo por las calles más frías del mundo, personas a las cuales no entiendo muchas veces pero estoy segura de que el señor medio pedófilo de Freud les daría un nombre y se respaldaría en sus teorías para justificar dichas acciones. No entiendo a las personas, cada vez es más complicado no ofenderles, no herir sus corazones que son más nobles que una lechuga, porque ahora cualquier palabra mal interpretada es un insulto, una falta de respeto; y cuando estás por debajo de la cadena alimenticia del poder, tienes que agachar la cabeza nomás papito.
Dejémonos de idioteces y afrontemos la vida como es, si quieres algo tienes que lucharla pero no por eso debes aislarte en tu cobacha y pensar que Einstein vendrá a salvarte de la ignorancia, vive, sonríe, deja de fruncir el ceño.
Me desconecto con un clic.

martes, 9 de febrero de 2016

Perdiendo el control

Autopilot.
Pareciese que estos meses pasan de manera automática, se siente como un espacio vacío en el cual uno camina mirando al cielo, con una sonrisa al recordar esos momentos estúpidos que viviste en algún momento, caminas y caminas sabiendo a donde llegarás pero sin saber a donde quieres ir aún. Tu mente quiere jugar pero no la dejas, el espacio vacío que te mantiene vivo, el espacio vacío que hace que pierdas el control a veces, pierdes el control por alguien o por algo, pierdes el control por la comida, pierdes el control de tu vida y te olvidas de vivir.
Cuando te das cuenta ya es muy  tarde, la canción ya terminó de sonar, se te acabó la batería y tu mente empieza a pensar en cosas más serias, cosas en las cuales no quieres pensar, intentas recuperar la valentía que tu corazón trata de darte, quieres vivir como antes, quieres volver el tiempo atrás y borrar ciertas situaciones tan trágicas que merecerían estar en un libro que se vuelva bestseller. ¿Te hace sentir mejor mirar al cielo y ver nada más que nubes blancas? sonrientes, intentan levantar tu ánimo, pero ya tocaste fondo, frunces el ceño y ya no queda más nada. El mundo da vueltas alrededor tuyo, la lluvia de la noche no ayuda a tus problemas existenciales.
Al despertar vuelves a caminar en piloto automático, intentando sobrevivir, intentando vivir para poder llegar a viejo y no terminar olvidado en una calle. Estudiamos para trabajar, trabajamos para acumular dinero e invertirlo en nuestra progenie, es un ciclo interminable de intercambio, de esclavitud que no nos deja vivir, nos hacemos creer que ese mes de vacaciones en las Maldivas va a cambiar algo, va a devolvernos la lozanía que solíamos tener de jóvenes; sin embargo el brillo que antes se veía en los ojos de los más inexpertos poco a poco se va apagando.

Me desconecto con un clic.

jueves, 24 de diciembre de 2015

El burrito tabanero del mal

La música está a volumen alto y pienso que todos los vecinos nos deben odiar de una manera increíble, el año está a pocos días de acabarse e irónicamente en lo único que puedo pensar no es en qué me pondré o en cómo celebraré las fiestas sino en todo lo que tengo que limpiar  y comprar para poder tener un año nuevo "próspero".
"Hay algo en ella que me da la vida...", "hay algo en ella que la hace distinta...", suena por el alto parlante de la sala y aún con la puerta cerrada y los audífonos puestos sigo escuchando las canciones que ya me sé de memoria y que he aprendido a querer porque a mi madre le gustan. Mi pijama es mi mejor compañero en estos últimos días del año que a la gente le gusta llamar de "descanso y reflexión", pero a mi me gusta llamarlos días de cuidar más tus cosas por la calle, días en los cuales los putos villancicos no me dejan tranquila, días de comer hasta no poder más (y por ende engordar sin querer queriendo para luego decir en verano: "putamadre soy un cerdo") días de aguantar a familiares borrachos que vienen a visitar y arrasan con todo el minibar que VAS A TENER QUE llenar de nuevo, osea, gastar más.
Días de Diciembre y compras por doquier, personas aplastándose en los centros comerciales y momentos en los cuales quieres morir porque no recuerdas que tu casa haya estado tan sucia; porque hay que limpiar la casa para el año nuevo, y al ser hijo único te vas a la mierda porque NADIE te ayuda a limpiar y terminas durmiéndote en plena cuenta regresiva para despedir el bonito año que se va.
Pero dejando de lado las porquerías que se ven en Navidad, lo lindo es ver las caras de los niños (los buenos, no esos malcriados que lloran por cualquier cosa y sus mamás cojudas les compran todo para que se callen, sin saber que se volverán peores) cuando reciben sus regalos y son felices con ellos, porque esos son los premios por las buenas calificaciones y el esfuerzo del año.
Ya se acercan las 12 y tengo hambre, sé que luego de esto terminaré knockeada por la comida. Feliz navidad, feliz Hannukah, feliz resurrección mañana luego del chocolate hirviente y el panetón con mantequilla.
Me desconcecto con un clic.

domingo, 15 de noviembre de 2015

Sueños que son..amor?

La vida no es siempre lo que queremos,
la gente nace y muere,
la gente sobrevive y no tiene todo lo que quiere
las cosas toman tiempo y esfuerzo
demonios que persiguen todo el momento
hasta que no puedes más.

Aún seguimos respirando
en trance
sin escapatoria alguna
las lágrimas que corren por nuestras mejillas reflejan
 los corazones que se rompen
los golpes en nuestros brazos reflejan
el dolor que hay que soportar.

Seguimos vivos
soñando con cosas que tal vez no lleguen a cumplirse,
soportando miradas por encima del hombro
aguantando frases dolorosas 
ya dan ganas de dejar de respirar
los recuerdos pierden la magia
y los niños ya no juegan en la calle.

Respirar
respirar para vivir
comer
comer para vivir
beber 
beber para vivir
estudiar
estudiar para vivir
vivir
vivir para vivir.

La vida no es gran cosa, 
correr para todos lados
esperando toda la noche
durmiendo todo el día.

Luces del semáforo que nunca cambian.
El sol llegará pronto pero por mientras,
el frío que cala los huesos incluso con la chaqueta puesta
duele. 

Me desconecto con un clic.
Xoxo



domingo, 25 de octubre de 2015

La reflexión de un pequeño hombre

Dentro de un pequeño bar está sentado en un pequeño banco un hombre de mirada perdida tomando un whisky que para estas horas ya está caliente. Reflexiona sobre su vida y por fin se da cuenta de que está solo contra el mundo y ya nada puede hacer para revertir el efecto de su altanería.

En sus años mozos todo estaba bien, todos lo toleraban porque era joven -todo el mundo quiere estar rodeado de gente joven- nadie decía nada pero a escondidas lo odiaban y envidiaban. 

¡Que importa! -decía el- que importa lo que los demás opinen, nadie sabe nada de lo que es importante. Y así, su descenso al purgatorio empezó lento pero seguro. 

El diablo mueve los hilos sin ningún miramiento, desde arriba todo se ve mejor que en un desfile de modas y cuando alguien tropieza y no eres tu, todo es mejor aún. 

Y es que, en algún momento de nuestras vidas todos pensamos que somos los mejores pero al fin y al cabo no somos más que unos granos de arena en el gran océano. Nadie se fija en los granos de arena que no le han ganado ni siquiera a ellos mismos.

A ninguno de nosotros le gusta recibir críticas, a nadie le gustan los comentarios fuera de lugar y si el pequeño hombre está sentado en el pequeño banco del pequeño bar sin perro alguno que le ladre, es por algo. 

La humildad es algo que pocos poderosos consideran y la humildad es algo que pocas personas que recién empiezan en algo pueden cultivar. 

Nadie puede ser poderoso o alcanzar lo que aspira si es que no sabe donde está parado y cual es su realidad. 

El pequeño hombre se levanta del pequeño banco dejando un par de soles en el mostrador como propina, arrastra los pies a la salida y sale a vivir otro día en una realidad que no es la suya. 


jueves, 20 de agosto de 2015

Wadafoc

Las paredes recién pintadas huelen raro mientras miramos hacia el techo, el espejo refleja las inseguridades que la ropa esconde y el celular que vibra hace media hora me está volviendo loca.
La voz al otro lado del teléfono grita palabras que no se pueden descifrar: como siempre pasa cuando las cosas se alteran y no toman el rumbo que la gente quiere y con el cual se sienten cómodos; solo toca decir "si" e intentar remediar las cosas y recuperar el tiempo perdido que sabemos que no vamos a recuperar.
Momentos que se recuerdan con una sonrisa, momentos amargos que tiñen de negro el agua del estanque en el cual el reflejo de los malos se puede ver claramente, esos malos que se esconden detrás de las máscaras mortuorias que en algunas situaciones se caen por tanta basura que se piensa y se dice hacia los otros. El ring se va a limpiar de nuevo, no hay sangre aún, los gallos están esperando ser soltados, los perros tienen los bozales puestos y los toros viejos ven desde arriba como todos aguardan el momento indicado para morder y picotear al contrincante. Desde la cúpula algunos hilos manejan a los más dulces, convirtiéndolos en presas no tan fáciles, los aguerridos aguantan como pueden y los tontos son presas de todo el mundo...
los hilos se mueven a diferentes ritmos y los dardos van y vienen, tratando de esquivarlos vamos todos contra todos; los zorros disfrazados de cordero se mueven entre las masas aparentando lo que nunca van a ser, toros miran desde arriba para ver si el que sobrevive es al que le apostaron, los dueños de los perros esconden una gillete en las patas de estos y los gallos bravos dan alaridos para asustar a sus rivales.
Las guerras empiezan por malentendidos, pero la pelea es continua desde las primeras frases de envidia.
Lo único que les queda a los aguerridos es construir una buena fortaleza, mirar de lejos y tratar de sonreír así caigan de rodillas al suelo con un cuchillo en la espalda.

Hey look ma' I made it

Por fin. Se acabó. Finito. Luego de 5 años de lucha, se ha acabado el tormento de ser estudiante. Mi cerebro descansa del olor a humo de...