
Seguimos con la historia: en las siguientes reuniones pasó lo usual, nos sentábamos en grupos y empezábamos a hablar, planeando que diría cada uno, que palabra usaría, como se pararía, si no repetiría la frase o pensamiento del otro, siempre con un objetivo: no decir el tema y no sacar una conclusión.
Yo llegaba con las justas siempre, corriendo desde la bajada balta desde que ese ya no se volvió paradero, yo renegaba porque siempre tenia que correr con café en mano tratando de no mancharme.
Siempre me acordaré de ese chico que decía cuanto problema le pasaba en cada salida al frente, yo me compadecía de el, le decía que se tranquilice, me inspiraba una especie de ternura mezclada con miedo, algo así como el twitter de Beto Ortiz: MALDITA TERNURA.
Yo no sabía exactamente que decirle y siempre terminaba diciéndole "cálmate", su vida me parecía tan complicada, que ahora la mía parece color de rosa.
Una anécdota mía que nunca olvidaré fue cuando me puse a relatar cuando viajé a Colombia, era la primera vez que hablábamos al frente de todos en el mismo salón y yo estaba temblando por dentro.
Nuestro amigo colombiano no estuvo allí ese día (menosmal, porque los que estaban allí recordarán que me dijo BASTA) si, el profesor me calló en la historia larguísima que planeaba contarles.
En fin; creo que mi desesperación a la hora de hablar se fue alejando de mi, mientras más los iba conociendo, la confianza me dio valor para tranquilizarme, ahora, como le dije a Manuel, no tengo ganas de llorar.
Gracias Amore.
Me desconecto con un clic
xoxo
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